Para promover la banda ancha


(Columna diario la Tercera, 23/10/04)

Por: Patricio Arrau P.



Las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones (TIC), sustituyen y desafían modos tradicionales para acceder a servicios financieros y de ahorro, televisión, cine, telefonía fija, arriendo de video, medios informativos, compras y ventas de productos, medios de pago para las transacciones de bienes y servicios, tramitación de servicios de gobierno, servicios de educación y salud, etc., que a su vez continúan creciendo a tasas aceleradas. Las TIC se constituyen también en una transformación en la función de producción de diversos tipos de servicios, tales como promoción del turismo, diagnósticos médicos, “back-office” de bancos y servicios financieros, búsqueda y contratación de personal, consultorías diversas, tramitación de servicios públicos (E-Government), servicios portuarios o de gestión logística, etc. En general, la gran mayoría de las actividades económicas han sido de una u otra forma transformadas por la fuerte irrupción de las TIC y por ello que se habla en propiedad de la Revolución de la Tecnologías de la Información y Comunicación.

Mientras más se invierta en ancho de banda, más rápido llegarán a los consumidores y a los sectores productivos los beneficios económicos de esta revolución. Asimismo es conveniente destacar que esta revolución es extraordinariamente integradora y favorable para los “pequeños”, en especial para los consumidores, pequeñas empresas y grupos en sectores y localidades remotas, dado que les permite acceder a redes e información a bajo costo, algo a lo que anteriormente sólo podían acceder grandes empresas y sectores privilegiados. Dado que las inversiones en ancho de banda en redes ya establecidas de diverso tipo no tienen características de monopolio natural, la entrada de nuevos actores en negocios asociados anteriormente a bases de datos y registro de clientes se hace cada vez más fácil. Hoy usar el computador como mecanismo de “promoción” y “publicidad” esta al alcance de cualquier potencial entrante.

Hace poco tiempo atrás, las diversas redes tenían un uso exclusivo. Los pares de cobre para la telefonía fija, el cable coaxial para la televisión pagada, una parte de la frecuencia radioeléctrica para televisión abierta, otra para telefonía móvil y otra para usos particulares. Todo ello ha cambiado en pocos años con la digitalización de las redes. Si el video, o cualquiera de estos servicios, llega por pares de cobre, satélite, red celular o cable coaxial es irrelevante desde el punto de vista del consumidor final. Así, puede afirmarse que la “convergencia tecnológica” genera la capacidad de distintas tecnologías de entregar paquetes integrados de servicios que compiten entre sí. Mientras más se invierta en banda ancha más se acelerará este proceso de convergencia, donde el protocolo IP a nivel de usuario es probable que se imponga por la diversidad de servicios que entrega al consumidor final.

El vertiginoso avance de las tecnologías de la información y las comunicaciones cambia también los paradigmas regulatorios. El fenómeno de la convergencia de las tecnologías ha puesto en cuestión la regulación del tipo “open access” o desagregación de redes. Esta última consiste en abrir las redes de los operadores dominantes para introducir competidores que utilizan dichas redes y ofrezcan servicios sobre ellas. Sin embargo se produce un desincentivo a nuevas inversiones, especialmente en banda ancha, cuya expansión se ha tornado en el nuevo objetivo público de los reguladores.

Surge así un nuevo paradigma regulatorio, la promoción de la competencia tipo “facility-based” o competencia de plataformas. Dado que crecientemente los mismos servicios pueden ofrecerse en diversas plataformas tecnológicas, estimular la competencia de plataformas permite la expansión y penetración de todos los servicios en todas las plataformas, en condiciones de creciente amplitud de banda. Una vez que las redes están tendidas, las inversiones en banda ancha no tienen las características de monopolio natural, por lo que los servicios TIC se pueden ofrecer en mercados competitivos.

Los enormes beneficios económicos para consumidores y empresas de la expansión de los servicios TIC en un ambiente de la banda ancha son claves para la inserción del país en el competitivo mundo de hoy. Se requiere una rápida puesta al día de los paradigmas regulatorios.




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