Los beneficios sociales del lobby


(Columna diario la Tercera, 26/11/04)

Por: Patricio Arrau P.



Concuerdo que es un título bastante provocador, pero genuinamente intento argumentar que lobby puede adicionar valor. La expresión “lobby” evoca inmediatamente un contenido peyorativo. Se le asocia en forma burda al tráfico de influencias y al amiguismo. En realidad, estas dos desviaciones son estimuladas por los gobiernos que adhieren cínicamente a los sistemas económicos de mercado, pero en realidad no atribuyen valor a la actividad que intenta conectar y comunicar al mundo público con el mundo privado, sino más bien se ven a si mismos. Son estimuladas por los estructura económicas que no funcionan sobre la base de arreglos abiertos y transparentes, con mecanismos descentralizados y conocidos para asignar los recursos y la riqueza, sino más bien donde reinan los arreglos tras bambalina. Estos gobiernos o grupos de poder que copan el estado, que afortunadamente están extinguidos en Chile, entienden el ejercicio democrático como el acto en el cual el pueblo concede una carta blanca a los poderes Ejecutivo y Legislativo, sin siquiera tener que rendir cuenta.

Una sociedad que avanza aceleradamente hacia una madurez democrática se beneficia enormemente de institucionalizar el lobby, es decirlo transformarlo en una actividad respetable, abierta y transparente. Existe un enorme espectro de actividades privadas que se ven muy expuestas a las políticas públicas que define el gobierno. Los sectores regulados son el mejor ejemplo aunque no el único. Sectores amenazados con impuestos específicos, como el minero actualmente en Chile, también califican en esta categoría. El entorno regulatorio o normativo que impone el gobierno o el poder legislativo determina muy fuertemente los planes de negocios y la rentabilidad de las actividades privadas. Me gusta definir el buen lobby como la actividad que intenta conectar los mejores planes de negocios privados con los mejores entornos regulatorios y normativos posibles. En ambos casos, la palabra “mejor” se refiere a los planes de negocios y sus entornos normativos que tienen la capacidad de generar beneficios sociales. Si suma valor, el lobby es del tipo bueno, si lo resta o meramente lo redistribuye, definitivamente no es un aporte.

El lobby es en definitiva contribuir en el proceso de negociación que se da en el legítimo espacio del derecho a petición del privado y el deber de gobernar o legislar a favor del bien común de parte de los organismos del estado. Cuando se da en un contexto abierto y transparente es altamente probable que se incentive el lobby del tipo que adiciona valor y se desincentive el lobby que resta valor. Por ejemplo, el lobby que sólo busca conseguir rentas monopólicas o defenderlas, sólo puede darse en el contexto de un sistema poco transparente y cerrado. Por otro lado, una actividad lobbysta que busca implementar propuesta que expanden las fronteras de los beneficios sociales, aunque sea generando importantes ingresos y rentabilidades privados, no pueden ser resistidas por los funcionarios del Estado si ese lobby se da en forma abierta y transparente. Ese funcionario tendrá que dar cuenta de cuáles son las razones para resistirse.

Así, la actividad del lobbysta en su intento de conectar el mundo privado con el mundo público le entrega un rol de persuasión y recomendación en ambas puntas. En un mundo abierto y transparente, es difícil que surjan lobbystas dispuestos a representar malos planes de negocios frente a la autoridad, o a contribuir a obtener los objetivos privados con malas prácticas.

Entonces no hay donde perderse. Con una institucionalidad abierta y transparente para ejercer el lobby, es decir la actividad de conectar estas dos puntas, se estimula la conversación entre el mundo público y privado que adiciona valor, porque ni los privados, ni los funcionarios, ni el propio lobbysta, se expondrán al desprestigio. Entonces ¿qué estamos esperando para legislar sobre el lobby?.


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