Bancarización para los más pequeños


(Columna diario la Tercera, 25/02/05)

Por: Patricio Arrau P.



El extraordinarios desarrollo de la banca y del mercado de capitales en general durante los últimos veinte año es una de las claves del éxito económico chileno de las últimas dos décadas.

La banca minorista produce tres tipos de servicios o posee tres tipos de funciones. En primer lugar se encuentran los servicios de crédito, los que permiten financiar los proyectos de inversión y de capital de trabajo de las empresas, así como el consumo y adquisición de viviendas y bienes durables de las personas. En segundo lugar se encuentran los servicios de depósitos o ahorro en general, pagando una adecuada rentabilidad a quienes desean posponer el consumo presente a través del ahorro. Por último se encuentran los servicios de medios de pago El Banco Central y los bancos comerciales tienen el monopolio legal de la emisión de dinero, es decir, billetes y monedas, cuentas corrientes y cuentas vista, pero no tienen el monopolio de los otros medios de pago, como las tarjetas de crédito y otros medios electrónicos.

Respecto de la función de depósito o ahorro no hay muchos problemas y la razón es obvia. El banco adquiere un pasivo y no tiene necesidad de discriminar o segmentar a los ahorrantes porque no enfrenta riesgo. Quien quiera tomar un depósito, sin importar tamaño o condición social puede hacerlo en condiciones bastante transparentes. Respecto de la función de crédito no podemos decir lo mismo. Las tasas de interés pueden ir desde niveles cercanos a las de países desarrollados para las empresas grandes, digamos 0,5% al mes, con amplia accesibilidad, hasta tasas máximas de 2 a 3% al mes para los más pequeños. Pero más que el problema de tasas, las pequeñas empresas enfrentan serios problemas de accesibilidad. De otro modo no podría entenderse la fuerte emergencia del mercado de factoring no bancario a tasas que incluso pueden llegar a 4 y 5% al mes. Aún así, a nivel macro, nuestro país posee un nivel de bancarización agregado muy superior a América Latina ya que las colocaciones representan cerca del 70% del PIB, similar al de algunos países de Europa. No obstante, las colocaciones están concentradas en muy pocos deudores, evidencia de la falta de acceso de financiamiento de la micro y pequeña empresa (MIPE). En efecto, cerca del 60% de las colocaciones comerciales están concentradas en la gran empresa, categoría que representa menos del 1% de las empresas del país.

Donde definitivamente las cosas están muy mal es en la función de medios de pagos. Chile tiene un promedio de 0,10 cuentas corrientes per cápita, cifra que se compara muy desfavorablemente con el 0,27 de México y el 0,45 de Brasil. La diferencia es mayor aún, cuando se compara con los índices de Europa, Japón y EE.UU., países que tienen más de una cuenta corriente por habitante. En lo que respecta al nivel de penetración de tarjetas de crédito y débito bancarias, Chile se encuentra bastante por debajo de varios países de Latinoamérica. Mientras Chile tiene 176 tarjetas de crédito bancarias por cada 1.000 habitantes y 200 de débito, Argentina tiene 430 y 248 respectivamente y Brasil 205 y 587. Chile es el único país del mundo con un mayor número de tarjetas de crédito de tiendas o casas comerciales que de bancos. Si se compara el número de personas por comercio afiliado a tarjetas de crédito, se observa que en Chile existen 375 personas por comercio afiliado, lo que se compara negativamente con Argentina donde el indicador alcanza a 265 personas y con EE.UU. con 21 personas.

Entre las causas de los malos resultados en la función de crédito y de medios de pago se tiene aquellas asociadas al marco regulatorio vigente y también variables asociadas al modelo de negocios de la banca chilena. Entre las primeras, la existencia de la tasa máxima convencional y la ley de cobranzas judiciales son un ejemplo de lo equivocado que está el poder legislativo chileno, pues con estas leyes perjudica precisamente a quienes desea favorecer. Por su parte el impuesto de timbres y estampillas y el impuesto al cheque afectan severamente la función de crédito y de medios de pago. Aquí es el Ministerio de Hacienda el que se aferra a los ingresos tributarios de estos dos tributos, ignorando el impacto en la bancarización de los más pequeños y retrasando la revolución de los medios de pago electrónicos.

Pero la explicación regulatoria no puede ser la única para explicar estos resultados. Especialmente en la función de medios de pagos, la banca ha seguido modelos de negocios que no favorecen la penetración, sino más bien favorecen la resistencia de los usuarios. En las empresas bancarias de apoyo al giro para la función de medios de pagos prima el modelo de negocios cartelizado de los bancos más grandes, fuente de enormes rentas extraordinarias provenientes precisamente de los más pequeños. La banca no ha sabido encontrar un modelo competitivo que reduzcan esas rentas.

Chile requiere un nuevo gran pacto o alianza público-privada para remover los obstáculos que impiden la bancarización de los pequeños. Se requiere un agresivo plan para remover los obstáculos regulatorios, así como de modelos de negocios privados que generen mayor inclusión.




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