¿Qué hacer con el precio del petróleo?


(Columna diario La Tercera, 22-04-2005)

Por: Patricio Arrau P.



El precio del petróleo en los mercados internacionales ha alcanzado niveles insospechados. En mayo del año pasado, el Banco Central pronosticaba un precio promedio de 29 dólares por barril para el año 2005 y en septiembre de 34 dólares por barril. Este mes, el precio superó los 50 dólares por barril y el litro de bencina en las estaciones de servicio superó el dólar. Tres parecen ser las alternativas que compiten para tratar de aminorar el efecto interno. En primer lugar destaca el camino elegido por el gobierno, que consiste en entregar un bono por una vez a las familias de menores ingresos, de modo de paliar el impacto en los presupuestos familiares de las familias más pobres. En segundo lugar, se han levantado fuertes voces a favor de reponer el fondo de estabilización del petróleo que rigió en Chile hasta los inicios del gobierno del presidente Lagos. En tercer lugar, se ha planteado que se debería reducir el impuesto específico a los combustibles.

Antes de abordar la pregunta que motiva esta columna, es necesario explicar cómo se forma el precio en las estaciones de servicio. En Chile, la ENAP sigue una política de precios domésticos para distribución mayorista de los derivados del petróleo que se basa en los precios de paridad internacional de importación. De este modo, semana a semana, el impacto del precio internacional del petróleo y sus derivados se traspasa al público a través del precio al cual el combustible llega a las estaciones de servicio. Sin embargo, el precio de distribución tiene además un impuesto específico que difiere del tipo de producto derivado de que se trate. Por ejemplo, para el diesel este impuesto es cercano al que se paga en los EE.UU. por m3. Sin embargo, para las bencinas, este impuesto es 4 veces más alto. Es decir, mientras en los EE.UU. no se discrimina este impuesto específico para los distintos tipos de derivados del petróleo, en Chile se discrimina muy fuerte favoreciendo al petróleo y diesel por sobre la bencina. Ello explica en gran medida la diferencia de precio por litro que se observa entre el diesel y la bencina. Dado el impacto que tiene el precio del petróleo en los presupuestos familiares, a principios de los años noventa, debido a la invasión de Irak a Kuwait, se estableció el Fondo de Estabilización del Precio del Petróleo. Consistía en un mecanismo cuyo propósito es estabilizar el precio interno ante fluctuaciones excesivas de los precios internacionales. Así, cuando el precio es muy bajo relativo a un promedio de largo plazo se coloca un “arancel” o sobretasa de importación adicional. Con los recursos acumulados en este fondo cuando el precio está bajo se puede, al menos en teoría, financiar un “arancel negativo” cuando el precio está alto, lo que permite vender el petróleo y sus derivados en el mercado interno a un menor precio que el mercado internacional. El sistema fue terminado por el gobierno del presidente Lagos luego de un primer año de gobierno en el cual se gastó una enorme cantidad de recursos al mantenerse el precio en muy altos niveles. El gobierno estimó que esa no era la mejor forma de entregar recursos a la población y desde entonces ha preferido bonos a familias de menores ingresos.¿Debe reponerse el Fondo de Estabilización?. No. Lamentablemente es imposible conocer con cierta precisión por cuanto tiempo puede mantenerse un alza o baja de precios, por lo que es inviable la idea teórica del Fondo de Estabilización de que los ingresos por los bajos precios financiarán los subsidios de los altos precios. Esto es especialmente cierto en el horizonte relevante de un año del Presupuesto Nacional. En palabras más técnicas, el fondo de estabilización no puede funcionar si no existe “reversión a la media” de parte del precio del petróleo en un horizonte relativamente corto. Aunque sí existe “reversión a la media”, en la práctica se da en un horizonte más largo que el relevante para la política fiscal, por lo que en dos a tres años es mejor pensar que el precio internacional no se revierte. Más allá de los tecnicismos, esto significa que el sistema puede generar enorme presión sobre el Presupuesto Nacional e incluso afectar otros programas sociales, como ocurrió a principios de la década. El actual gobierno fue muy acertado en eliminar el Fondo el año 2001. El permanente ajuste de precios permite sortear el alza de precios sin afectar la reactivación. De hecho, los serios problemas que tenemos en el sector eléctrico se deben en gran medida a que la regulación no permite pasar a precios la mayor escasez del insumo que genera la energía.

¿Debe entonces continuarse con el sistema de bonos discrecionales?. Puesto que el bono no es un “voucher” para comprar bencina o comprar un pasaje en micro, la filtración del objetivo que se persigue es de las más altas de cualquier otro programa de público. ¿Cómo se asegura el gobierno que el bono no se consume en alcohol?. De hecho es altamente probable que ello ocurra en el caso de una familia donde el jefe de hogar es alcohólico. Mal programa público.

En suma, no hay mérito para una política estabilizadora de precios del petróleo. Al final sólo queda la discusión microeconómica estructural que tenemos pendiente en materia de combustibles. Por muy “ciudad” que sea el diesel, siempre será más sucio y contaminante que las bencinas. El cuádruple impuesto a las bencinas genera una gran distorsión microeconómica que estimula la reconversión del parque automotriz hacia los motores más contaminantes. Lo anterior contradice el sentido económico de este impuesto específico, puesto que debiera ser exactamente lo contrario. Es conveniente aprovechar la holgura fiscal y la coyuntura del petróleo para eliminar esta distorsión. Es conveniente reducir el impuesto a las bencinas al mismo nivel que actualmente tiene el diesel.


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