Visión económica concertacionista


(Columna diario la Tercera, 26/08/05)

Por: Patricio Arrau P.



l terminar su tercer gobierno y luego de 16 años en el poder, ¿existe una visión económica de la Concertación, como cuerpo coherente de ideas que orientan las políticas económicas? ¿o bien sus políticas son el resultado de un tira y afloja de dos concepciones económicas opuestas, en una permanente tensión inestable que determina las políticas económicas de la Concertación?. La segunda era hasta hace poco mi descripción preferida para describir la dinámica económica del bloque gobernante. Ya no. Hoy es posible describir un cuerpo de ideas fuerza que definen una visión económica que emerge en la Concertación y que tiene su fundador: Nicolás Eyzaguirre.
En el gobierno del Presidente Aylwin la tarea estaba muy clara. La amenaza de reversión autoritaria estaba íntimamente ligada a la necesidad de mantener la economía en orden. No se podía experimentar con cambios al modelo económico y sólo había espacio para ajustes sociales e institucionales evidentes. El equipo económico de entonces ya venía convencido de profundizar la apertura comercial al exterior, lo que unido a la abundante disponibilidad de flujos financieros internacionales y a la firme decisión de mantener las cuentas fiscales en orden, determinaron el exitoso proceso de crecimiento económico y decreciente inflación de ese período. A fines del primer gobierno concertacionista era claro que la economía de mercado y la democracia se hermanaban para quedarse. Pero ello no fue el resultado de una premeditada planificación estratégica de largo plazo, sino más bien ocurrió como consecuencia de una adecuada “administración” del modelo económico heredado en el contexto de restricciones políticas que limitaban un cambio abrupto y en el contexto de favorables condiciones externas. El gobierno del Presidente Frei parte con un fuerte impulso estratégico de giro más liberal. Presidente y grupo de confianza tenían experiencia y trayectoria en el sector privado. Puertos y sanitarias se suman a los activos prescindibles y traspasables al sector privado y se hablaba en los primeros años de desregular los flujos financieros externos y de una reforma tributaria para los próximos 20 años. La crisis asiática frustró ese esfuerzo y detuvo el impulso. Ni apertura financiera ni reforma tributaria, aunque sí se refuerza la apertura comercial. Los últimos tres años del segundo gobierno concertacionista fueron de administración de la crisis y emergieron las primeras voces que abogaban por una corrección al modelo económico. Una fuerte pugna entre “estatistas” y “liberales” parecía destinada a quebrar la Concertación.

Sin embargo, la pugna fue contenida por el fuerte liderazgo del Presidente Lagos y por esa inmensa y pragmática vocación de gobernar que tiene la Concertación como bloque político. De pronto emerge una síntesis, de fuerte contenido socialdemócrata moderno. La pugna liberal-socialista es hoy una creación mediática. Las miradas “liberal-progresista”, “socialista” y “socialcristiana” en la Concertación son tendencias que se necesitan mutuamente para seguir gobernando y se inscriben al interior de esta visión económica socialdemócrata moderna que se ha plasmado en torno a la persistente y firme conducción del Ministro de Hacienda. La visión económica de la Concertación se caracteriza por la apertura comercial y financiera, alto superávit fiscal en el contexto de un enfoque de reglas en lugar de discreción, la elevación de la macroeconómica a un sitial de desproporcionada importancia para dar confianza al sector privado (subestimando las microeconomía), con impuestos crecientes en el contexto de políticas asistenciales focalizadas y de subsidios administrados centralizadamente desde el Estado. Asimismo, la Concertación se siente con el mandato popular de ser un contrapeso corporativo desde el Estado a los intereses corporativos de los grandes empresarios. De ahí la fascinación por el diálogo y la negociación con la alta dirigencia empresarial y el evidente desinterés por la problemática de la pequeña y mediana empresa. En un campo nivelado y sin exenciones ni franquicias tributarias, se entiende que es la gran empresa la llamada a tirar el carro.

Es evidentemente que queda desplazada de esta visión económica concertacionista la mirada estatizante que aspiraba a un cambio importante del modelo económico de mercado. Ella debe contentarse con ser la tendencia que impide nuevas privatizaciones y apoya a los grupos corporativos incrustados en el Estado. Pero también queda desplazada la mirada netamente liberal, entendida ésta como esa mirada que siempre se pregunta si es posible hacer retroceder al Estado para dar más espacio a la iniciativa individual. Esa mirada que busca descentralizar las políticas públicas en organizaciones sociales en lugar de centralizar en Estado, por ejemplo a través de una buena ley de donaciones. Que busca atomizar los poderes corporativos de la salud, de la educación, de los sindicatos gubernamentales. Que no tiene dudas en desprenderse de las actividades productivas de bienes y servicios que permanecen en el Estado y ocupar dichos recursos en expandir significativamente las políticas de demanda para dotar a la gente de capacidad de decisión en la inversión de su propio capital humano, traspasando del burócrata al ciudadano la posibilidad de elegir. Que no duda en eliminar aceleradamente el impuesto a la inversión y al ahorro, incluido el impuesto a la inversión extranjera, puesto que de ello depende que el país no rezague en el mundo globalizado. Que no le teme a las llamadas franquicias o exenciones tributarias, puesto que son ellas precisamente las que permiten realizar políticas públicas descentralizadas y quitan poder a la burocracia. En fin, queda desplazada esa mirada que pone el individuo por encima del Estado, sin desconocer que muchos compatriotas requieren de apoyo, pero en donde hasta el más desposeído tiene derecho a tomar decisiones por su propio bien y el de sus seres queridos. El experimento socialdemócrata moderno tiene cuerda para rato. Impulsado por los nuevos acuerdos de libre comercio y una dinámica externa favorable a la expansión de la gran empresa exportadora, será necesario esperar su agotamiento para enmendar rumbo.


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