Para refrescar el debate cambiario


(Columna diario La Tercera, 24/02/2006 )

Por: Patricio Arrau P.



Parece que el tema cambiario seguirá fuerte en la agenda de debate macroeconómico. Los precios de productos primarios de exportación persistirán en altos niveles en un horizonte previsible y el valor del peso chileno se mantendrá más elevado (dólar más bajo) de lo que resulta, a mi juicio, conveniente para el mediano plazo. Diversos economistas del medio nacional han planteado que el Banco Central debiera abandonar su excesiva pasividad o "displicencia" con respecto al dólar. El ministro Eyzaguirre reprendió en duros términos a legisladores que sostuvieron lo mismo hace unas semanas, sugiriendo que cualquier intervención es un subsidio a los exportadores. Ha inferido en varias ocasiones que quienes estamos preocupados por el tipo de cambio representamos a algún grupo de presión.

Mala reacción la del ministro, poco respeto por los estándares de un debate público informado. El debate respecto al Banco Central se ha expandido también al Fisco, puesto que la actual coyuntura ha puesto la mirada en cómo éste ahorra o liquida sus excedentes en moneda extranjera. La renovación de las autoridades económicas trae consigo una oportunidad para refrescar estos y otros temas de debate. En un sistema marcadamente presidencialista, las ideas y representaciones mentales de quienes detentan el poder se convierten en argumentos absolutistas, recubiertos de la Gracia del Estado, lo que hace muy difícil un debate serio e informado si dichas autoridades no promueven el intercambio respetuoso. Pocos se atreven en este contexto a exponer libremente ideas contrarias a las oficiales, puesto que la exposición a la descalificación se hace inminente. La descalificación pública por conflictos de interés o "representar grupos de presión" es particularmente reprochable. Las ideas y convicciones vienen sustentadas en las experiencias vividas. Ninguna experiencia o interés personal inhabilita participar en un debate público. Que sean los observadores quienes juzguen la solidez moral de las ideas expuestas, no la autoridad.

Muchos son los buenos argumentos que se dan de lado y lado. No es necesario recurrir a los malos. No cabe duda alguna que la opción por tipo de cambio flotante está fuera de discusión; que permite absorber mejor los choques externos; que permite mayor autonomía de política monetaria. Para quien ha propuesto y defendido desde antes del año 2000 la apertura e integración financiera con el exterior, en el contexto de flotación cambiaria, estos argumentos a favor de la flotación no están en cuestión. La discusión interesante es de grados. Grados ideológicos respecto a cómo funciona el mercado, es decir, que tanto se parece a un oráculo, o más bien al mejor instrumento de señales de precios disponible, pero imperfecto. Grados de pragmatismo en la ejecución de las políticas públicas, donde el ensayo y error nos permite aprender mejor sobre sus resultados. Nos parece que la opción de flotación limpia a ultranza que aplica actualmente el Banco Central no es la mejor opción para el Chile de hoy. Sin duda alguna, cuando las instituciones son débiles, imponer reglas rígidas e inamovibles hace una gran diferencia entre las instituciones que se sostienen y las que se desmoronan. Chile no está en ese riesgo.

Pero pongamos algunos números sobre la mesa. A mi juicio, el año 2004 en promedio el tipo de cambio real no se encontraba desalineado. A juzgar por su valor hoy, similar al de entonces, en promedio el tipo de cambio real tampoco estaría desalineado. El problema es que a juzgar por cómo se han movido los índices de valor unitario de las exportaciones, el actual promedio representa un promedio entre un muy alto tipo de cambio real de los productos mineros y uno muy bajo de los productos industriales y otros. El primero está un 20% más alto que el promedio y el segundo un 10% más bajo. El tipo de cambio nominal se habría ajustado a la baja en respuesta al alza de los precios de los productos de exportación y no habría nada que hacer a riesgo de "desmoronar las instituciones".

Este argumento político debe ser puesto bajo sospecha. No está claro cómo funciona el mecanismo de transmisión entre el precio del cobre y el dólar. Si el mercado funciona en forma muy cercana a la perfección, el precio de mercado es la mejor representación de los fundamentales de la economía y cualquier intento de ir contra la corriente es pan para hoy y hambre para mañana. Los stocks relativos de activos en moneda extranjera y nacional en los cuales se acumula la riqueza financiera, no tendrían poder para determinar el tipo de cambio. Creemos, sin embargo, que esta última hipótesis debe ser puesta a prueba. No nos parece claro cual sería el dólar hoy si el Fisco, por ejemplo, no hubiese liquidado sus US$ 2.000 millones de excedentes de moneda extranjera para prepagar al Banco Central en pesos. O alternativamente, si el Banco Central decidiera comprar US$ 1.000 millones de divisas y colocar el mismo monto en UF para esterilizar el efecto. Creemos que la composición de monedas del portafolio de ahorro financiero en el mercado doméstico sí puede determinar una mayor o menor desalineación del tipo de cambio respecto de sus fundamentales, puesto que el mercado cambiario depende muy críticamente de las expectativas de los actores financieros, las que son modificables por la acción de la autoridad. Aquí sólo se ha intentado plantear una hipótesis. La forma más barata de probar dicha hipótesis es el ensayo y error pragmático en la ejecución de políticas públicas, para aprender mejor sobre sus resultados. La más cara para las instituciones democráticas, es la descalificación.



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