Un nuevo impulso, un nuevo círculo virtuoso


(columna El Diario 19-05-99)

Por: Patricio Arrau P.



Con el reciente seminario acerca de las medidas económicas del próximo gobierno, se inicia el debate acerca de los programas económicos que los candidatos presidenciales desean impulsar en caso de llegar a la Presidencia de la República. Sobre la base de algunos de los planteamientos que los asesores económicos de Lavín y Lagos hicieron en el plano macroeconómico, se refuerzan algunos puntos y se levantan otras interrogantes.



El pasado 11 de mayo se realizó en un hotel de la capital el seminario "Las medidas económicas del próximo gobierno", donde los candidatos presidenciales y sus principales asesores económicos plantearon su visión económica para el próximo sexenio. Así Andrés Zaldívar seguido de Alejandro Foxley, Joaquín Lavín junto a Cristián Larroulet y Ricardo Lagos acompañado de Alvaro García se turnaron en bloques sucesivos para exponer sus planteamientos.

La mejor década económica del siglo termina con un último año que deja un sabor amargo. Se ve difícil que el crecimiento exceda significativamente el 1% y el desempleo rozará cifras que pocos meses atrás nos habrían parecido una pesadilla. Aún no se observa en los últimos datos un despegue claro y la supuesta reactivación del segundo semestre más parece una exceso de voluntarismo que una proyección económica certera. A la secuela de la crisis asiática y su manejo interno hay que sumar el infortunio de una de las sequías más profundas del siglo.

En este escenario se instala el debate económico del próximo gobierno. Pero como no hay mal que por bien no venga, se está configurando un cierto consenso que el país ha cumplido una etapa de crecimiento y desarrollo y que requiere de nuevas iniciativas para recuperar tasas de crecimiento sobre el 7%. Las expresiones "nuevo impulso" de Alvaro García y "nuevo círculo virtuoso" de Cristián Larroulet resumen esta apreciación. Ambos basaron sus presentaciones en la necesidad de reformas o modernizaciones de segunda generación para impulsar nuevamente la economía y sumirla así en un nuevo círculo virtuoso.

No es mi intención resumir o comentar las presentaciones de las tres candidaturas, puesto que desafortunadamente no me fue posible escuchar el primer bloque dedicado a la candidatura de Andrés Zaldívar. En lugar de ello, deseo aprovechar algunos de los planteamientos que los asesores económicos de Lavín y Lagos hicieron en el plano macroeconómico para reforzar algunos puntos y levantar otras interrogantes.

Cabe destacar, en primer lugar, las coincidencias de ambas presentaciones respecto de la apertura de la cuenta de capitales. Existe claridad en la candidatura opositora respecto de la necesidad de liberar a la economía nacional de las amarras de los controles de capitales a los flujos externos. Comparto en su totalidad el diagnóstico de que el encaje y otros controles han debilitado fuertemente el mercado de capitales doméstico desde 1995 en adelante, como lo reflejan las transacciones de la bolsa y otros indicadores, y que ello se ha traducido en forma soterrada en una debilidad de nuestro sistema. Por su parte, en la presentación de Alvaro García se escucha por primera vez en sectores de la Concertación que la norma general en materia financiera debe ser el libre movimiento de los flujos externos y que los controles de capitales y encaje deben reservarse para casos especiales de crisis y utilizarse en forma temporal. Asimismo se abogó por la internacionalización del sistema financiero, removiendo las trabas que lo impiden.

En segundo lugar, existen ciertos acuerdos en materia tributaria y también diferencias Todas las candidaturas están por eliminar los altos impuestos a las personas. En buena hora. La tasa de 45% a las personas es extremadamente alta, desincentiva el ahorro personal y estimula la creación de empresas y mecanismos para evadirlo, lo que se traduce en que en la práctica este tramo recolecta muy pocos impuestos. El peso del financiamiento de la inversión en los noventa ha recaído sobre el ahorro público y el de las empresas. Las reformas de segunda generación deben estimular el ahorro voluntario de las personas, donde la eliminación de este inútil impuesto es clave. Cristián Larroulet considera alta la carga tributaria por lo que rechaza elevar los impuestos y plantea eliminar el impuesto a las ganancias de capital y otros impuestos que distorsionan el mercado de capitales, que presumo se refiere al de timbre y estampillas y cheques. Sin considerar la carga tributaria alta, en cambio, Alvaro García enfatiza la necesidad de primero focalizar bien el gasto y luego reducir la evasión y las exenciones; es decir, expandir la base sobre la cual se gravan los impuestos con las mismas tasas. En materia de reformas, se plantea también que el IVA está alto en comparación internacional y que el impuesto a las empresas es bajo.

En materia tributaria es importante ser claros puesto que la incertidumbre tributaria es extremadamente distorsionadora. En lo posible debe evitarse subir el impuesto a las empresas en forma significativa. La actual tasa de impuestos de primera categoría aplicable a todas las utilidades devengadas (sean estas retenidas o distribuidas) ha demostrado ser un equilibrio razonable entre la necesidad de recolectar ingresos fiscales y mantener el incentivo a ahorrar de las empresas. Una buena reforma tributaria es una que intenta que las diversas tasas converjan y que la base de tributación se ensanche. Me inclino por elementos de ambos planteamientos: concentrarse en un gasto eficiente y reducir la evasión; eliminar exenciones (tasas de 0%) y gravar dichos ingresos (por ejemplo ganancias de capital no habitual) con el impuesto de primera categoría; eliminar el marginal del 45% e impuestos sin sentido como timbre y estampillas y cheques. Si las consideraciones de globalización internacional lo requieren, es necesario eliminar el impuesto a las ganancias de capital habituales de activos financieros, aunque cuesta creer que sea necesario cuando se gravan con una tasa baja. En la medida que la reducción de la evasión y eliminación de las exenciones lo permitan, puede reducirse el IVA hasta un 16% e incrementarse el impuesto a las empresas también hasta 16%. En todo caso, es destacable es que el tema de los impuesto acotados si está en la preocupación de los candidatos, como dijo Ricardo Lagos en su discurso, "el deseo de tener superávit fiscal no puede resolverse permanentemente con mayores impuestos sin que el sistema productivo pase la cuenta en algún momento".

En tercer lugar, y relacionado con el tema anterior, está el tema de la consistencia macroeconómica en el plano fiscal de la candidatura de Joaquín Lavín. No está nada de claro como se compatibiliza el ambicioso programa de capital humano de Cristián Larroulet (educación, salud, pobreza y capacitación y empleo) con no subir los impuestos, recobrar el superávit fiscal público perdido y sobre todo, con la democracia tributaria que anunció Joaquín Lavín. En este sistema, cada contribuyente decide a donde van sus impuestos en el formulario de pago, de modo "que no haya un solo Hogar de Cristo, una Fundación las Rosas, sino que mil Hogares de Cristo, mil Fundaciones las Rosas". Si bien es cierto que el plan de privatizaciones podría financiar parte de los gastos requeridos, la verdad es que el tema de la democracia tributaria es altamente perturbador para los economistas. Hemos avanzado enormemente en el consenso acerca de los equilibrios macroeconómicos, donde la estabilidad de los ingresos tributarios juega un rol primordial. Si algo no ha quedado obsoleto con el paso del tiempo es la contradicción entre la disciplina macroeconómica y el populismo.

Por último Alvaro García propuso el desarrollo de nuevos instrumentos macroeconómicos, como los impuestos flexibles, para evitar que el ajuste macro recaiga sólo en la tasa de interés. Como se destacó, este es un tema técnico y no ideológico, puesto que primero fue propuesto por Sergio de Castro. Por más que pienso en este tema no puedo encontrar que sea una buena idea. Creo que es impracticable, creará enormes problemas de coordinación entre la autoridad fiscal y monetaria a la hora de los ajustes, desconcierta al sector privado en términos de señales estables y mantiene al sector público con un nuevo grado de libertad para intervenir y ofrecer seguros y garantías de estabilización que no son sustentables. La tasa de interés no es sustituible como instrumento. No faltan instrumentos, sobran facultades para intervenir de múltiples maneras, puesto que el Banco Central debe concentrarse sólo en la tasa de interés. Faltan reglas claras de intervención cuando se justifique, sobra discrecionalidad. El instrumento que falta es una abundante y oportuna entrega de información macro al sector privado para que éste planifique sus gastos de mejor manera, tanto de parte del Banco Central como de Hacienda. Lo que sobra es el deseo de las autoridades de impedir que los riesgos propios de la globalización afecten a nuestra economía pequeña y abierta inserta en el concierto internacional y falta conceder un beneficio de la duda mayor a los agentes privados antes de intervenir con tanta frecuencia.




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