Gasto fiscal y regla fiscal


(Columna diario La Tercera, 18/08/2006)

Por: Patricio Arrau P.



Gran sorpresa causó el anuncio del Ministro de Hacienda Andrés Velasco limitando el crecimiento porcentual del gasto fiscal del 2007 a un dígito. De 10% para abajo. La sorpresa se explica porque se supone que existe una regla fiscal de largo plazo que define con bastante precisión la confección del gasto fiscal agregado, dejando poco espacio para la discrecionalidad. Una vez ajustados los ingresos fiscales estimados para el 2007 incorporando los ingresos estructurales del cobre, asociados el precio de largo plazo del metal, y los ingresos estructurales tributarios, asociados al PIB tendencial, los gastos fiscales agregados del 2007 deben ser tener una magnitud exactamente un punto porcentual del PIB menor a los ingresos estructurales. Así se cumple la política fiscal definida de 1% de superávit estructural. Los parámetros claves para estimar los ingresos estructurales del cobre y tributarios son calculados por sendos comités de expertos.

Puesto que el anuncio fue realizado antes de que fueran citados los expertos, muchos mal pensados sugirieron que el Ministro estaba dando una “señal” a los expertos, especialmente a los del Comité del Cobre, para que no “se dispararan” en sus estimaciones. Una estimación del precio del cobre cercana a US$ 1,2 la libra podría llevar a un gasto fiscal del 2007 que crecería en exceso, cercano al 12%. Un buen y merecido tapaboca recibieron los mal pensados puesto que los miembros del Comité del Cobre dictaminaron US$ 1,21 la libra. Parece que se tiene poco aprecio por la seriedad profesional de quienes hemos sido convocados a dichos comités. Puesto que he tenido el honor de ser convocado todos estos años al Comité del PIB Tendencial, puedo dar fe de que estos comités funcionan muy bien y con total independencia.

Despejada la infundada sospecha de manipulación de los expertos, no queda más que concluir que el Ministro estaba dando una señal de estabilidad macroeconómica, puesto que es prudente que el gasto fiscal no exceda de ese límite para el 2007. Entonces, es la propia regla fiscal la que quedó mal parada. Quedó ancha. Una regla fiscal que se define sólo por superávit estructural es insuficiente por dos motivos. En primer lugar, deja indeterminada la carga tributaria en el largo plazo y puede estimular a los neo-populistas a proponer desmedidas alzas de impuestos y de gastos sin violar el superávit estructural del 1%. En segundo lugar, como ha quedado demostrado este año, la regla fiscal del 1% de superávit estructural no fue suficiente para poner un techo razonable al gasto fiscal agregado del 2007. El Ministro debió complementar la regla con un techo discrecional que en la práctica acota el gasto fiscal a un nivel inferior en unos US$ 400 millones del que resultaría si se aplicara la regla fiscal en forma irrestricta.

La pregunta que sigue es si se cumplirá el superávit estructural del 1%. No se cumplirá. El superávit estructural será por deducción lógica de 1,3% del PIB si se calcula como lo hemos hecho hasta ahora, es decir un 0,3% más alto, los mismos US$ 400 millones referidos arriba. Podríamos “redefinir” algunas variables, por ejemplo ahorrando los intereses, pero ello sería poco decoroso. Si queremos cumplir la regla fiscal el camino correcto es aprovechar esos US$ 400 millones para reducir ingresos fiscales que causan alta distorsión. Un Chile Compite escalado permite hacer políticas de oferta que estimularían el crecimiento y la competitividad. Primero en la lista debe estar el impuesto de timbres y estampillas que mantiene al sistema bancario con bajos niveles de competencia en el segmento de la pequeña empresa. ¿Y cómo se financia esta rebaja permanente de ingresos fiscales? ¿Dónde está la holgura permanente para financiar esta rebaja tributaria y eventuales nuevos gastos permanentes?. La holgura se encuentra en la definición de la misma política fiscal del 1% que es excesiva en las actuales circunstancias. Se puede reducir el superávit estructural a 0,5% en 2008 y a 0% en 2009 tal como lo propuso la campaña presidencial de Sebastián Piñera. Allí se encuentran las bases de un acuerdo político para aprovechar una holgura permanente de US$ 1.200 millones en el mediano plazo. La holgura está, solo falta la generosidad política de todos los sectores.


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